Durante la infancia y adolescencia todo fue de puta madre y se presenta difícil establecer cuando se truncaron las cosas. Ahora Novita mira sus manos ensangrentadas y los cuerpos inertes de vida que se extienden como sombras bajo sus pies
Todo iba tan bien que incluso los de la tele -la jodida tele- metieron un reality show en su casa para conocer la historia del imbécil llorica y su gato venido del futuro que le solucionaba los problemas. Los capítulos consistían en retratar la vida de esos individuos y de sus amigos del barrio. Ya se sabe, las movidas y las aventuras que unos chavales de menos de una década pueden contarnos.
La tele -la jodida tele- un día se marcho de sus vidas. El programa, con su formato demasiado repetitivo, se había vuelto tedioso para la audiencia. Los guionistas intentando dar un giro radical y con el beneplácito de los protagonistas probaron de hacer creer que todo había sido un sueño postergado durante un parón cerebral de Novita y eso mosqueó un montón a los televidentes. Al fin tuvieron que desmentir lo sucedido y ese fue el final. Nadie confiaba ya en los guionistas ni los protagonistas.
Así que el gato cósmico y su coleguilla se quedaron sin la fama. Novita tenía entonces unos diecisiete años y siguió su vida como si nada hubiera pasado pero con un buen puñado de pasta. Desgraciadamente todo había cambiado.
El padre alcohólico de Novita se fugó con su secretaria de Mazda después de propinarle una buena paliza a su mujer y beberse una botella entera de saque. La madre, una histérica de tres pares de cojones, se tiró al alcohol por influencia del ex marido y acabó también metida en una espiral de prozac y otras pastillas que alegran el día.
Novita intentaba ser un chaval japonés normal que juega al beisbol, intenta aprobar como puede bajo la mirada atenta de un profesor gordo y se masturba mirando dibujos manga en pelotas. En la escuela todos rehuían su presencia porque él había hecho lo mismo cuando era famoso. Ni los viejos amigos, aquellos que salían junto a él en el programa de la tele –la jodida tele-, querían compartir almuerzos de sushi con él. ¡Vaya unos cabronazos!
Llegaron los años de la juventud y las cosas empezaron a ir mal, muy mal.
Entonces…perdón, me olvidaba del gato, al hijo puta del gato cósmico. Con la pasta que se sacó del programa ese, se piró a dar la vuelta al mundo. Necesitaba abrir horizontes, conocer gatos y no sé cuantas chorradas hippies más. Su coleguilla lloraba desconsolado cuando lo vio subir en el avión del aeropuerto de Kioto.
-Volveré pronto te lo juro Novita.
¡Una mierda volvió pronto! El muy mamón se tiro cuatro años viajando.
-¡Y como voy a vivir sin tus jodidas artimañas venidas del futuro!
-Te las arreglas ¡coño! Que ya eres mayorcito…
-Déjame el casquete volador por lo menos… no me seas puta.
Y así fue, de todos los pedazo de inventos que podía sacar de la zona de encima de la polla, el gato cósmico tan sólo le dio ese sombrero de judío con hélices. ¡Qué ser, qué gato más rancio!
Volvió sin un puto yen, untado en crack, con los cabellos rastosos y las orejas tan agujereadas como los brazos.
Habían sido tiempos complicados para Novita. La madre, solterona y sin la mirada agresiva y violenta de su marido alcohólico, disfrutaba de su recién estrenada segunda juventud, fallándose a hombres jóvenes –a veces casi de la edad de su hijo- y gimiendo locuras en la habitación de matrimonio. El profesor que durante el reality show y por convenio con la cadena de televisión sólo le ponía ceros (era un añadido poético a aquella mierda televisiva) le siguió poniendo la misma nota, ahora por razones bien distintas.
-Otro cero Novita, tus notas no mejoran nada…
-Pero si me pasé toda la noche estudiando como usted me mando hacer, señor.
-Lo siento Novita, pero tienes que ser más constante y más trabajador… hoy vas a tener que venir a casa para que te imparta una clase de refuerzo.
¡Joder con las clases de refuerzo! Sadomasoquía con el profesor ultranacionalista japonés que tenía una gran bandera de su país ondeando en la puerta del chalet y otras tantas colgadas por el piso (Ceros, la bandera de Japón y el culo de Novita… un teórico del circulo).
Así pasaba las tardes el chaval llorica de grandes gafas mientras sus amigos fumaban porros y se daban sus primeros besos escondidos en los tres cilindros de cemento del parque.
Novita acabó los estudios en el instituto y pudo huir por fin a la gran ciudad. Su padre por orden del juez tenía que pagarle la universidad y además aun conservaba un puñado de yens del maldito programa de televisión.
En Kioto también estaba Shizuka (coño me olvide de la chavala) y con ella perdió la virginidad. Fue una historia sucia, nada digna del sexo. Una noche de excesos químicos y alcohol, se la llevó medio inconsciente ella a su habitación y sin que pudiera hacer demasiado nada, se la folló. Al día siguiente la niña de coletas no recordaba nada.
-Ayer estabas entregada a mi cuerpo Shizuka.
-¿De verdad?
-De verdad de la buena.
Shizuka tuvo que asumir sin quererlo que estaba enamorada del pringado de Novita. Aun así eso fue pasado algún tiempo, sin duda mucho después de que el gato cósmico volviera.
El animal azul volvió un día de primavera como ya se ha dicho untado en crack y echo unos zorros.
-Novita…viejo amigo…como me alegra verte…
Llamó a la puerta de su habitación mientras el chaval estudiaba algo de matemáticas y tan sólo pudo articular estas pocas palabras desde su pastosa boca. Después cayó al suelo haciendo que su enorme cabeza repicara contra el suelo en estruendo brutal.
El gato venido del futuro y de medio mundo se tiró dos días enteros durmiendo, recuperándose de su largo viaje. Sólo se levantó para meterse dos rayitas de coca cuando el mono apremiaba.
-Tranquilo Novita yo controlo, no ves que soy un gato de mundo…
-Dirás lo que quieras tío pero deberías moderarte un poco que si te pillan me echan del edificio… y ya sabes como están los precios de los pisos en Kioto…
-¡Anda cállate y métete un poco!
Novita rehusó a la primera. Por desgracia la influencia de aquel gato era superior. Encarnaba la solución fácil a los duros problemas que se presentaban en la vida.
-Tío, necesito algo para aprobar este examen…
-¡Esto son las pastillas de la concentración!
-Tío, no me como un rosco…
-¡Esta es la máquina de hacer tías buenas sumisas!
-Tío, hoy he quedado con una chavala de internet y le envié una foto trucada con el Photoshop para que quedara conmigo…
-¡Esto es la linterna hace músculos!
-Tío, no me como un rosco…
-¡Esto es el perfume de la seducción infinita!
-Tío, estoy deprimido…
-¡Esto es el destilador mágico de alcohol!
-Tío, quiero ponerme de mierda hasta el culo…
-¡Esto son las semillas marihuana crece rápido!
-Tío, necesito más droga…
-¡Esto es el horno de LSD!
-Más…
-¡Esto es el rallador que lo convierte todo en cocaína!
-Más…
-¡Esto es la aguja que nunca se acaba!
-…
-…
Pero ya ni se hablaban. El gato cósmico no hacia otra cosa que sacar máquinas productoras de drogas y los dos se pasaban el día tirados en la habitación apollardados. Era como vivir bajo un alud de mierda que no los dejaba moverse.
Finalmente pasó lo que tenía que pasar cuando se juega al juego del yonki, la droga y la espiral de desenfreno: El gato cósmico murió de sobredosis.
Eso planteaba un problema para Novita. No podía quedarse con aquella enorme bola de sebo azul putrefacta y llena de vómito. Hurgó con su mano japonesa dentro del bolsillo mágico de su colega y saco todas las maquinillas que pudo. Se sorprendió al notar que dentro de aquel lugar todo era mugre, mierda y entrañas… no entendía como Doraemon había podido meter su zarpa durante tantos años para darle objetos que le solucionaban la papeleta. Sin duda era un buen amigo.
El problema aun persistía. No sabía que hacer con aquel cuerpo muerto. Pensó en dejarlo tirado en algún parque de las afueras. Total, era un gato y nadie iba a hacerse demasiadas preguntas. Al fin, un Novita nostálgico, metió al animal en una bolsa de basura y lo lanzó por el cajón del tiempo que aun estaba en su habitación. Menudo susto se dio la gente del futuro cuando vio aquel asqueroso cacho yonki de carne. Hay que decir que en el futuro no hay gatos…cosas del medioambiente.
Novita siguió metiéndose y follando gracias a las máquinas. De vez en cuando venían Gigante, Suneo y Shizuka a meterse con él. Ellos sólo lo hacían de tanto en tanto, Novita era un adicto. De Shizuka ya he dicho algo. Añado que había dejado los estudios para servir como camarera en un local striptes de las afueras de Kioto. Su belleza de coletas antes memorable ahora era un mero recuerdo en fotos y videos de la familia. Gigante, un famoso cantante de la canción ridícula japonesa, era anoréxico y estaba tan chupado que su piel transparentaba los huesos grises. Suneo trabajaba doce horas en la fábrica de Mitsubishi para mantener a su mujer y sus cuatro hijas.
Nadie se acordaba ya del gato azul, menos cuando iban de heroína hasta las cejas.
De esa época podemos sacar una conclusión: Shizuka se enamoró de su camello. Era algo normal teniendo en cuenta que desde esa casi violación perpetrada por Novita, ella creía que estaban predestinados.
Un día de noviembre se produjo la boda. También se casaba ese mismo día y por cuarta vez, la madre de Novita. En los juzgados no se reconocieron; hacia años que ella se había olvidado que un día sacó de entre las piernas al chico, que a su vez no recordaba que tenía madre (suponía gracias al LSD, que venía, como Doraemon, del futuro o que había sido creado por una de sus maquinas mágicas).
Durante algunos meses vivieron felices en una turba de liviandad y sexo. Eso era lo único bueno que tenían gracias a la crema del sexo antológico. Pero todas las cremas se terminan y con ella toda la pasión.
Ella dejó de creer en el amor y él, como buen perro faldero que era, siguió babeando por la niña como había hecho desde el primer capítulo. ¡Menudo subnormal el Novita éste!
Novita sospechaba (quizás es mejor decir que lo sabía) que se la pegaba con Gigante. De todas formas no quiso hacer caso a las muchas señales (mejor decir rastro como el carbón en la nieve) que dejaban los amantes. No dijo nada cuando Gigante saltó desnudo por la ventana del dormitorio. Ni cuando se encontró un condón usado y luego puesto en un micrófono. No se inmutó al ver a Shizuka gimiendo sobre el esquelético cuerpo de Gigante.
Lo que lo puso sobre la pista de los infieles fue el ver que al fin se había acabado lo poco de crema del sexo antológico que quedaba. En ese momento sacó nuevamente un instrumento del gato cósmico: “La brújula mágica para descubrir infidelidades de tu esposa”.
El aparato lo puso definitivamente sobre la pista y una noche de febrero encontró a los dos amantes practicando el sexo desenfrenadamente por toda su casa. Buscó nuevamente de entre los cacharros que había sacado de los adentros de su colega el gato, una máquina que le solucionara la papeleta: “El arma para acabar con la puta y el amante”.
Disparó dos veces sobre la copula y las dos balas se metieron perfectamente en el cráneo de los dos. Evidentemente no podía fallar porque aquella arma venía del futuro. Avanzó desde la puerta de la habitación y se postró frente a Shizuka y Gigante preguntándose como había llegado hasta allí.
-Si al menos Doraemon estuviera conmigo… todo sería mucho más fácil.
Acarició el cuerpo de ella pintándose las manos de rojo.
Ahora Novita mira sus manos ensangrentadas y los cuerpos inertes de vida que se extienden como sombras bajo sus pies.
Se levanta y una vez más llora desconsoladamente como cuando era un chavalín. Dos enormes ríos de lágrimas saltan de sus dos ojos mientras se tapa el rostro con los diez dedos. Va al baño y se da cuenta de que la sangre se ha incrustado sobre sus labios, sus húmedos ojos y su nariz japonesa.
Busca entre los cacharros del gato cósmico: “La máquina de las soluciones”. Horrorizado se da cuenta de que este nuevo artilugio es el mismo que “El arma para acabar con la puta y el amante”.
Levanta el brazo y el metal frio roza su sien. Aprieta el gatillo y siente el calor de la bala antes de estrellarse contra su cabeza y reventar su cerebro.